Son las tres y media y nada
interesante ocurre, tan sólo un infinito lienzo virtual pleno de líneas
carentes – al menos en apariencia – de significado. Comienzo a preguntarme:
¿qué hago yo aquí?
Me auto-respondo inmediatamente con un “la entrega de mañana”, pero no quedo satisfecho en absoluto. No estoy disfrutando, no estoy pensando en la pantalla que tengo ante mí; sin embargo, el pobre trozo de papel que tengo al lado está lleno de garabatos y anotaciones de posibles historias que sólo podrían ocurrir en mi imaginación.
No necesité mucho indagar mucho
en este asunto para darme cuenta de que esos dibujos que habían salido sin
pensar de mi cabeza a través del portaminas eran ideas puras hechas y derechas.
Puedo verme reflejado por completo en esa superficie blanco mate, mejor dicho,
puedo ver cómo pienso. En ocasiones llego incluso a preguntarme cómo he podido
esbozar un elemento cuasi desconocido para mí, y es entonces cuando recuerdo
que ese objeto aparecía en un sueño olvidado hace años.
Cada día intento recordar mis
sueños, pero conforme pasa el tiempo se vuelve más difícil. Las preocupaciones
del día a día ocupan todos mis pensamientos y acabo desechando detalles y raíz
de cada vivencia nocturna. Otras veces ni siquiera puedo pararme a dormir, es
noche de entrega y una entrega es sagrada; ¿más que nuestros propios sueños?
Eso dependerá de la utilidad de aquélla para alcanzar el objetivo deseado.
Basándonos en que el sueño de una
persona es algo que desea con todas sus fuerzas y en que la fecha para
cumplirlo normalmente la suele establecer uno mismo, para cuando el día hubiere
llegado ya habríamos cumplido las expectativas con creces. Mientras que, si en
la fecha señalada lo que establecemos es algo que no nos va a ayudar de ninguna
forma, intentaremos evadirlo de todos los modos posibles hasta que al final,
irremediablemente, terminaríamos realizando la labor programada.
A partir de estos razonamientos
fui capaz de darme cuenta del error que había cometido años atrás al dejarme
llevar por el miedo. Y debo dar gracias por haber despertado en mí la
conciencia tan tarde, pues ha sido tal el ambiente en el que he llevado a cabo
el falso sueño que no he sido capaz de darme cuenta de lo falso que era.
Eso sí, aunque tenga que cambiar
de objetivo y de lugar donde realizarlo, jamás perderé el contacto con aquellos
a los que les he cogido tanto cariño, y menos aún olvidaré los recuerdos que
conservo de ellos. Lo que sí espero es encontrarlos en un trozo de papel, a las
tres de la madrugada, mientras termino una entrega el mismo día en el que se me
anuncia que debo ejecutarla…

Bonito texto y bonito dibujo. Bueno, no sé si bonito es la palabra...
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