Las ideas no están en su sitio aún, siguen apiladas ordenadamente para ser encontradas por casualidad en algún lugar de este laberinto de cajas de cartón ocre que llamamos memoria. Abrimos la puerta con una llave que nunca tuvimos y encontramos una matriz limpia, ordenada y dinámica en la que cada estante es instante de nuestra juventud, de nuestros miedos, de nuestros sueños.